miércoles, 2 de marzo de 2011

Un mundo de música


La otra noche fui a cenar con unos amigos y uno de ellos compartió con nosotros una revelación, al menos para mi. ¿Recuerdan a Avishai Cohen? ¿Recuerdan lo que dije sobre la pasión?  Pues aquí tienen a otro músico que me ha robado el aliento. El maravilloso músico canadiense, Glenn Gould

Como todo prodigio, desde muy pequeño, sus padres notaron (citando a Gonzalo Rojas) el signo sigiloso de la música en él y lo apoyaron y encaminaron. Su madre le enseñó a tocar el piano en donde aparentemente comenzó ese sello distintivo, ese tararear inconscientemente la música que tocaba, como completando lo que el piano no podía alcanzar a expresar de lo que para él era la pieza. Eso que hace que la experiencia de escucharlo sea tan especial, eso que muestra esa tan apreciada pasión. Creo que en mucho ningún instrumento es capaz de mostrar todo eso que sucede dentro de aquel que se apasiona, pero sus grandes interpretaciones se acercan bastante y hay en él ese mismo desbordamiento del que se apasiona.
Como todo genio, tenía sus excentricidades, mismas que se originaron en una situación práctica o cotidiana y fueron creciendo y cristalizando su personalidad. Aparentemente tuvo un accidente a la edad de 10 años en el cual se lastimó la columna, haciendo que fuera realmente difícil tocar el piano. Su padre, que siempre lo apoyo tanto como su madre, diseño una silla especial que le permitía sentarse mas abajo de lo común para poder jalar las teclas del piano hacia abajo en lugar de presionarlas desde arriba, método que diseño su maestro, Alberto Guerrero. La silla, sin importar el desgaste que sufrió con los años, se convirtió en una parte esencial para él a la hora de tocar el piano. Su silla ahora se encuentra en una vitrina, en un lugar de honor en la Biblioteca Nacional de Canada. Así como la silla era indispensable, el piano tenía que tener cierta altura que en ocasiones se lograba colocando bloques de madera debajo de las patas. Para muchos esta técnica era la que permitía su virtuosismo, sin embargo, yo creo que lo que se lo permitía era ese exceso de pasión que incluso ha llevado a que se le considere autista o al menos dentro del espectro del autismo. 
Otro elemento de su excentricidad era su aversión al frío y al contacto, siempre vestía con abrigo, una especie de boina y guantes, incluso en climas cálidos. En la sala de conciertos el aire acondicionado tenía que estar ajustado a una temperatura que para muchos era demasiado caliente, pero si eso quería el maestro, eso se le daba.
Gould no sólo tocaba el piano, también dirigía, componía, escribía y hacía crítica. Aparentemente se sentía mucho más cómodo frente a un micrófono que frente a una sala llena de espectadores y con el tiempo dejó de tocar en público, lo que lo llevó a hacer grabaciones en cabina y a experimentar en el radio. Aun así, la música siguió siendo su mundo.

Tristemente Glenn Gould falleció joven, a la edad de 50 años, por causa de un accidente vascular cerebral que poco a poco lo deterioró hasta que su padre decidió retirar el respirador artificial.

Como todos los que me conocen saben, no soy experta en música, pero si sé lo que me mueve y puedo reconocer la pasión en otros y contagiarme de ella. Sin embargo, mis palabras nunca serán suficientes para describir lo que provoca en mí verlo y escucharlo, por esto los dejo experimentarlo sin mi intervención. Disfruten de esta experiencia tan maravillosa y vívanla hasta lo mas profundo de su ser, que es en donde se toca ese punto sensible que reconoce a los grandes a pesar de nuestra falta de conocimiento.

Ante tan maravillosas aportaciones tan sólo puedo decir: Gracias.

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